OCÉANOS SANOS
La salud del ecosistema marino es un tema que viene cobrando importancia de manera creciente y del que todavía no hay suficiente conciencia.La basura marina amenaza la vida en nuestros mares, ataca nuestra salud y nuestra economía. Parece un tema simple de visualizar y entender, si nos guiamos por “lo que” vemos o por “dónde” lo vemos, pero en realidad es un problema complejo, con múltiples causas y factores que se combinan para afectar la naturaleza, cantidad y distribución de desechos alrededor del mundo.
Por: Lorena Diaz – www.caminantesdelagua.blogspot.com
Muchas veces cuando hablamos de basura marina, la asociamos directamente con actividades relacionadas al mar, ya sea por el vertido directo de desechos por parte de operaciones como transporte, pesca, deportes acuáticos, o uso de la costa para vivienda o turismo. Se suele pensar en basura marina como algo lejano en el fondo del mar, o con objetos que flotan dispersos en la orilla, causa de malos hábitos de pescadores o turistas. Pero nada es tan simple: lo visible es una mínima parte del problema.
La basura marina es un asunto que nos atañe a todos y del que somos participes en nuestro día a día, y las consecuencias afectan a todos los habitantes, vivan o no cerca de la costa.Un dato relevante es que el 80% de la misma es de origen terrestre y proviene de zonas del planeta muy diversas, independientemente de su cercanía al mar, y que, por una mala gestión de los residuos sólidos, termina en los océanos. Estos desechos son vertidos de manera directa o indirecta (ya sea transportados por el viento o por escorrentía), y llegan a los cauces de agua, que son el principal medio de transporte. Solo el 20 % restante proviene de fuentes marinas como las redes de pesca abandonadas u otros desechos provenientes de embarcaciones u actores vinculados directamente al mar. Este porcentaje, aunque es menor, es muy dañino, sobre todo para algunas especies de fauna marina que terminan enredadas en ellos.
Imagen tomada en Ocean Sole (anteriormente The FlipFlop Recycling Company) en Nairobi, Kenia. Todos los productos aquí están hechos con suelas de flipflops viejas, que se recolectan de las vías navegables alrededor de Nairobi, y las playas alrededor de Mombasa. Los flipflops pasan por un proceso en el que se limpian y se pegan, y los artistas luego tallan animales de ellos. Estos se venden en la tienda de Marula Studios en Karen, Nairobi y en muchas otras tiendas de todo el país. El arte está encontrando un lugar en el mercado internacional, y muchas piezas más grandes han sido encargadas por organizaciones de conservación.
Otro dato a tener en cuenta, es que más del 80% de la basura marina está compuesta por PLÁSTICO. Este es un dato preocupante, ya que por diversas características, como ser su bajo peso y gran durabilidad, lo hace capaz de transportarse a enormes distancias, siendo lo más probable que termine en el mar.
El “popular” plástico —utilizado indiscriminadamente en bolsas, todos los días— tarda entre diez y quinientos años en degradarse, para ni siquiera desaparecer, sino simplemente fragmentarse en trozos más pequeños llamados “microplásticos”, lo que aún constituye una amenaza mayor para el mundo marino.
La producción de plástico ha aumentado exponencialmente como consecuencia de la aceleración y los cambios en los patrones de consumo de la sociedad contemporánea, pasando de 1.7 millones de toneladas en 1950 a 322 millones de toneladas en el 2015, lo que proyecta un escenario en alza.
Otra característica importante es que los daños se ven, por lo general, muy lejos de donde se producen, ya que los desechos se desplazan por los cauces de agua y luego son trasladados por alguna de las cinco corrientes principales que rigen nuestros océanos. Estas corrientes son llamadas “giros oceánicos” y son consecuencia de la rotación de la tierra. Cada continente es afectado por una de estas corrientes, que recolectan basura de las vertientes y las mantienen girando, concentrándose hacia el centro, donde se forman grandes acumulaciones llamadas “islas de basura”. Esta separación entre el origen de la causa y la consecuencia, hacen que el problema se viva como más abstracto y lejano.
¿Somos conscientes de que al tirar una bolsa de basura en Salto, por ejemplo, esta puede terminar en África? No, ni remotamente conscientes.
Los impactos son múltiples y actúan en diferentes escalas, no solo a nivel estético y visual, por la acumulación de basura en playas de alto valor turístico, sino como una amenaza a distintas especies, ya sea por pérdida de hábitat, ingesta de fragmentos de plástico, o enredamientos tanto de animales como embarcaciones. De las 120 especies de mamíferos marinos que figuran amenazadas mundialmente, el 54% se han visto enredadas o han ingeridos plástico. Las ballenas, en particular, por su manera de alimentarse son como un “filtro natural”, ya que no tienen dientes sino barbas, con las que sobre la superficie solo sacan el agua para ir espumando y “colando” el alimento, entrando en sus estómagos enormes cantidades de plástico de todos los tamaños, que pueden llegar a provocar su muerte.
Lo que flota está compuesto por trozos suficientemente grandes como para ser avistados y recogidos con facilidad, mientras debajo y más invisible, se encuentra la gran mayoría del plástico. El problema más grave está justamente donde no se ve. Son los “microplásticos”: en el fondo del mar, o a un metro bajo la superficie, hay una “sopa” de pequeñísimos fragmentos, fruto de la descomposición por factores bióticos como el sol, el agua o la sal. Componen un “smog” plástico que se encuentra, además, mezclado con la arena, o bien en el estómago de la mayoría de la fauna marina. Estos fragmentos son sumamente rugosos, por lo que concentran bacterias y químicos asociados a los plásticos, tales como dos aditivos tóxicos, el ftalato y el bisfenol A (BPA). En el mediterráneo occidental se ha detectado un índice de uno a dos, plástico a plancton, ingerido por peces más pequeños, y así sucesivamente se va introduciendo en la cadena alimenticia hasta llegar a nuestra mesa. Tan cercano como simple: plástico en nuestra alimentación diaria; una amenaza directa a la salud.
Surgen distintas iniciativas como posibles RESPUESTAS, pero por ser un problema complejo no existe una única solución aplicable universalmente. Al comprender dimensiones tanto sociales como económicas, requiere acciones conjuntas entre la sociedad civil, los gobiernos y el sector privado, de forma que se implemente una amplia gama de iniciativas sostenibles, estratégicas y coordinadas. Dentro de la cadena de eventos, que va desde la producción de los desechos hasta que estos llegan al mar, hay varios eslabones donde se pueden tomar acciones. Las más comunes, pero también las más costosas, son las limpiezas de costas o la “pesca” de desechos por parte de intendencias, ONGs u otras autoridades locales. Pero la mejor forma de resolver un problema es no generarlo. Prevenir es mejor que limpiar; por eso uno de los principales objetivos de la Estrategia de Honolulu (marco global elaborado por varios países e instituciones, para tener una estrategia compartida para prevenir y manejar los desechos marinos), es justamente tratar de invertir las acciones: atacar el problema lo más cerca del origen posible.
Se debe implementar cambios en el sistema productivo que lleven a pautas de producción y consumo más sostenibles mediante la aplicación de criterios. Los cambios deben implementarse de manera urgente. Algunos de los más importantes son:
- Responsabilidad ampliada de fabricantes, con incentivos o multas económicas para la producción.
- Inversiones en investigación en diseño, que minimice los residuos y permita y promueva el reciclaje y el re-uso de sus componentes.
- Mejoras en la legislación sobre vertido y gestión de residuos sólidos, para evitar que lleguen al mar.
Pero el mayor de los cambios será el que cada uno realice a nivel individual, cambiando sus hábitos de consumo, reduciendo la huella plástica colectiva mediante acciones simples:
- Rechazar las bolsas plásticas o los plásticos de un solo uso, como sorbitos, platos y cubiertos descartables.
- Comprar alimentos que no estén sobre-envasados.
- Tener cuidado de dónde y cómo gestionamos nuestra basura.
Porque en definitiva es el consumidor el que tiene el poder de cambiar el mercado. Si dejamos de demandar plástico, seguramente deje de producirse.
A veces pensamos que cuando tiramos algo a la basura ese algo desaparece, pero no somos conscientes que en el planeta no hay un “afuera”, y que nada desaparece, todo se transforma; y lo que no puede transformarse, persiste y se acumula. Cuando tiramos algo a la basura solo lo estamos poniendo en un lugar más alejado donde no podemos verlo (en las afueras de las ciudades o en barrios o países más pobres), pero los océanos, siempre, nos lo están devolviendo…


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